¿¿Maloja?? “Maloja”, el “bosque de alisos” en el Engadin de los Alpes suizos, nos impresionó. Todo empezó con una foto de snowboard en Internet, y misteriosamente tan bella imagen se quedó grabada en nuestras mentes y ya era imposible desprenderse de ella. Luego vino la curiosidad y el afán por descubrir este misterio. Cansados del programado turismo de masas de los lugares elitistas de los Alpes, aburridos de fiestas con conversaciones vacías, hartos de la superficialidad de la gente snob, del lucir y de lo que está de moda, decidimos iniciar el camino hacia Maloja, un pueblo en las montañas de la región de Graubünden a pocos kilómetros de la bulliciosa civilización. Buscábamos algo diferente. Llegando al final de la serpenteante y empinada carretera de montaña nos esperaba la mejor nieve polvo que uno se pueda imaginar. Ante nosotros se hallaba un hermoso paisaje invernal virgen enmarcado por bosques de coníferas y peñascos. Nadie a la vista. ¿Pero dónde estaban los prometidos remontes? Finalmente atisbamos en la distancia sólo un viejo telesquí aparentemente obsoleto, que como en el sueño de la Bella Durmiente parecía subsistir su existencia. Hasta ahí un duro camino a pie. ¿Significaba esto el final de nuestro viaje, media vuelta y marcharse a casa, abandonar desilusionados y decepcionados? No, pues ese día brillaba un sol demasiado prometedor.


De pronto apareció de una cabaña el operario suizo del telesquí. Se alegró mucho de nuestra inesperada visita y arrancó con entusiasmo el motor ante nuestras miradas de sorpresa. Las horas siguientes se convirtieron en una experiencia inolvidable para nosotros. ¿Fue el respeto a la belleza pura de la naturaleza, la honestidad y franqueza, la simplicidad, que nos fascinaron tanto de este lugar? Quizás fuera la sensación de ser uno mismo, de compartir esta experiencia con los amigos. Quizás fuera el sentimiento de vivir intensamente el momento. Para nosotros el recuerdo de “Maloja” aún hoy tiene un gran valor y su singularidad es difícil de expresar en palabras – simplemente fue “Maloja”. La búsqueda valió la pena. Han pasado muchas cosas desde esa apasionada aventura en la naturaleza hace unos años. “Maloja” significa hoy para nosotros más que un inolvidable punto geográfico en el mapa, “Maloja” se ha convertido en una forma de vida. De aquí surge el nombre de nuestra empresa y nuestra marca. “Maloja” no está sujeta a las estaciones del año, no distingue edades, no está interesada en delimitar sectores dentro del deporte. “Maloja” se puede descubrir en cualquier lugar y en cualquier momento. Un poco de “Maloja” está en cada mente y en cada corazón. Sólo hay que ir a buscar nuevos caminos lejos de las masas. Tal vez nuestro catálogo inspire a hacerlo. En este sentido deseamos a todos nuestros clientes, proveedores, empleados y también a nosotros mismos innumerables experiencias “Maloja”.